La Ley de la Vida

vida-muerteMuerte. ¿No es la muerte la vida en un sentido?

Todos nacemos en algún punto de la línea de tiempo del planeta Tierra, y en algún punto, todos morimos. Algunos mueren recién nacidos, algunos mueren a temprana edad, algunos mueren durante la adultez, algunos viven una larga vida y mueren de viejos, algunos mueren en accidentes, algunos mueren de enfermedades terminales, algunos mueren mientras duermen, algunos mueren dejando un gran legado para la humanidad. Pero una cosa es cierta, todos morimos. Yo lo llamo la Ley de la Vida. Al igual que la ley de la gravedad, todo lo que sube tiene que bajar, la ley de la vida dice que todo lo que nace debe morir también.

Y lo sabemos. Puede que no sepamos cuándo nuestro tiempo de dejar este mundo vendrá, pero sabemos que vendrá. Vendrá para nosotros, vendrá para la gente que amamos, y vendrá para la gente que no amamos tanto. Y aún así, la muerte logra atraparnos desprevenidos, se las arregla para hacernos sentir un profundo dolor. Todavía no he experimentado cómo se siente perder a un ser querido, pero tengo la sensación de que nunca se puede estar completamente preparado para ello. No existe ninguna cantidad de preparación mental que nos permita prescindir de la parte de duelo.

Y cuando pienso en esto, de cuán conscientes estamos de la inevitabilidad de nuestra muerte y de nuestra incapacidad de adormecer el dolor que causa, sólo puedo concluir que no fuimos creados para morir.

En palabras de C.S. Lewis, “la explicación más probable es que [fuimos] hechos para otro mundo.” Un mundo en el que no morimos; donde la muerte no existe.

Y la muerte es vida en otro sentido; en el sentido en que la única manera de obtener la vida eterna e imperecedera es a través de la muerte. Es realmente una paradoja, porque tenemos que morir y mortificar la carne de pecado con la que nacemos cuando nacemos en este mundo. Y esto sólo puede ser hecho a través de confiar en el sacrificio de Cristo en la cruz como rescate por nuestros pecados. Así que cuando morimos y nuestro cuerpo exhala su último aliento, podríamos estar muriendo a la vida en la Tierra, pero también se nos da la bienvenida a la vida eterna en el Cielo que Jesús está preparando para nosotros.

Y esta vida eterna que recibimos es sin muerte. Nunca más tendremos que dolernos por la muerte de un ser querido, y nunca más tendremos que dolernos por ninguna otra razón.

Podría dolernos el ver a un ser querido partir, pero tenemos la seguridad de que si ellos han puesto su esperanza en Jesús, han dejado atrás la vida de muerte para recibir la vida real. Y un día, si hemos puesto nuestra esperanza en Jesús, también seremos reunidos con ellos en la vida real, donde no hay muerte.

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