Sus Tesoros

Tomé esta foto un fin de semana en Nagua. Escribí esta corta historia para acompañarla.–

Él los amaba, pero se sentía como un ingrato, un traidor. Se había levantado en aquellas horas que aún huelen a noche sin perder la esperanza de encontrarlos. Las largas horas dejaron el sabor a mar en sus labios–los mismos labios con los que, momentos después, besó cada una de las escamas de sus tesoros.

Si ellos supieran del pequeño chinchorro donde vivía, no hubieran querido acompañarlo a casa. Este pensamiento se escondía detrás del último archivo que guardaba en su mente. Por eso, su alma se debatía al acercarse aquella yipeta de turistas de una isla que les pertenecía. Él sabía que se dirigían hacia él y sabía también qué venían a buscar.

Sabía que sus tesoros podrían convertirse en oro si él tan sólo renunciaba su derecho a ellos. Y Dios sabe que él necesitaba aquel papel al que alguien alguna vez le dio valor.
Si tan sólo él pudiera vivir con la culpa de haberlos entregado a un destino fatal, destino al que él había contribuido en parte. Si tan sólo los turistas dejaran de regatear, quizás entonces el trueque sería mas justo y quizás sus tesoros se entregarían voluntariamente por el bien común.

Tomó en sus manos más dinero del que había visto junto en mucho tiempo y, como si sufriera de amnesia, borró toda memoria de algún tesoro preciado. No son estos tesoros nada más que pescados? Y de esos está lleno el mar.

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