Hakuna Matata

Photo Credits: ryanselvy.tumblr.com

Había estado esperando el taxi que me llevaría del trabajo a la universidad durante 15 minutos. Estaba inquieta. Si él llegaba más tarde, yo perdería mi examen parcial. No podía perder mi examen! El carro de mi hermana estaba siendo reparado; no estaría listo hasta dentro de 30 minutos. Llamé a la compañía de taxis un millón de veces, pero el taxi nunca llegó. Me resigné a esperar… en contra de mi voluntad. Cuando finalmente llegué a la universidad, me enteré de que mi profesor todavía no había llegado a la clase.

Recientemente, una vez más no pude tomar uno de mis exámenes finales debido a responsabilidades del trabajo y otros malentendidos. Pagué para tomar el examen nuevamente y, después de 5 días, mi profesora aún no lo había calificado. Yo temía que no podría inscribirme para el próximo cuatrimestre. El último día de inscripción de materias, con pocas esperanzas, me enteré de que la profesora por fin había enviado mi calificación, y pude inscribir mis materias con normalidad. Por cierto, saqué una A!

Estas son sólo algunas de las historias que representan cómo ha sido mi 2011. Es fácil preocuparse cuando nos encontramos en momentos de ansiedad o incertidumbre. Cuando hemos agotado todas las soluciones posibles, la preocupación nos hace sentir como si todavía tenemos algo de control sobre la situación. Pero en realidad, no lo tenemos. Preocuparse no va a cambiar la situación, sólo nos anima a mortificarnos con las dificultades o problemas.

En ambas situaciones, el problema estaba fuera de mis manos. Hice todo dentro de mis posibilidades para arreglarlas, pero no pude. Y como Dios sabe que me gusta tener el control, El intencionalmente cerró las puertas y me hizo esperar hasta el último minuto para demostrarme que mis problemas están en Sus manos y que procuparme no iba a cambiar nada.

Cuando nos preocupamos, nos olvidamos de que todo lo que sucede en nuestras vidas no ha escapado el conocimiento de Dios. Nos engañamos a nosotros mismos al pensar que tenemos poder sobre el resultado final de las cosas. Podemos hacer todo bien y aun así, las cosas podrían no salir según lo planeado. Y gracias a Dios por los desvíos, porque quitan nuestros ojos de nuestra propia auto-suficiencia y nos obligan a confiar en Él solamente.

Al comenzar un nuevo año, reflexionamos sobre lo que hemos logrado hasta ahora y los objetivos que esperamos alcanzar en un futuro próximo. Puedo decir que muchas cosas que yo esperaba que sucedieran en el año 2011 no sucedieron. Y con el comienzo de un nuevo año, mi mente se pregunta si “yo haré que sucedan” en el 2012.

Lo que tú y yo no fuimos capaces de lograr en el 2011, lo que no lleguemos a alcanzar en el año 2012, sin importar los problemas que se nos presenten, sea cual sea la manera que   Dios elija para solucionarlos, pase lo que pase, de nada nos sirve preocuparnos… ni ahora ni nunca.

Feliz Año Nuevo!

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