Sus Tesoros

Tomé esta foto un fin de semana en Nagua. Escribí esta corta historia para acompañarla.–

Él los amaba, pero se sentía como un ingrato, un traidor. Se había levantado en aquellas horas que aún huelen a noche sin perder la esperanza de encontrarlos. Las largas horas dejaron el sabor a mar en sus labios–los mismos labios con los que, momentos después, besó cada una de las escamas de sus tesoros.

Si ellos supieran del pequeño chinchorro donde vivía, no hubieran querido acompañarlo a casa. Este pensamiento se escondía detrás del último archivo que guardaba en su mente. Por eso, su alma se debatía al acercarse aquella yipeta de turistas de una isla que les pertenecía. Él sabía que se dirigían hacia él y sabía también qué venían a buscar.

Sabía que sus tesoros podrían convertirse en oro si él tan sólo renunciaba su derecho a ellos. Y Dios sabe que él necesitaba aquel papel al que alguien alguna vez le dio valor.
Si tan sólo él pudiera vivir con la culpa de haberlos entregado a un destino fatal, destino al que él había contribuido en parte. Si tan sólo los turistas dejaran de regatear, quizás entonces el trueque sería mas justo y quizás sus tesoros se entregarían voluntariamente por el bien común.

Tomó en sus manos más dinero del que había visto junto en mucho tiempo y, como si sufriera de amnesia, borró toda memoria de algún tesoro preciado. No son estos tesoros nada más que pescados? Y de esos está lleno el mar.

Llamado de Terremoto

Photo Credit: telegraph.co.uk

Yo había escuchado las noticias–el terremoto en Haití hace dos años y el año pasado en Japón. Fueron noticias impactantes, pero no creo haber entendido la magnitud del miedo y la desesperación. Mi país ha tenido muy pocos terremotos en mucho tiempo, y nunca había sentido ninguno.

Pero hace 2 días, estaba sentada en mi escritorio en el trabajo y sentí un ligero temblor. Miré a la pantalla de la computadora y sabía qué la hacía temblar. Mi corazón empezó a latir más rápido. Controlé mis ganas de salir corriendo como una lunática, y sólo esperé tensamente hasta que dejara de temblar. Mi primer terremoto … ni siquiera fue tan fuerte, pero fue lo suficientemente fuerte y largo como para asustarme.

Los terremotos están fuera de nuestro control, igual que los huracanes y la crisis financiera, pero no exactamente igual. Los huracanes nos producen miedo, pero si vivimos en una casa fuerte, vamos a estar bien. Pero los terremotos? No importa lo fuerte que nuestras casas sean, todavía no estamos seguros, nuestros hogares pueden ser sacudido al suelo o podemos tener un tsunami impredecible. Nadie está exento.

Admito que el terremoto me asustó, pero después de que todo pasó, me di cuenta de que era más como un llamado de atención. Puedo estar tan enredada en las cosas cotidianas (como el trabajo y la universidad y la vida en general) que a veces olvido que estas cosas pasarán. A veces, el fin del mundo parece mucho más lejano de lo que realmente está. Este terremoto me recordó que la vida que vivo y la tierra a la que nos aferramos con tanta fuerza un día dejarán de existir. Pero después de ese día, yo estaré en el cielo con mi Salvador para siempre.

Es un gran alivio el poder tener miedo un minuto, pero saber que todo va a estar bien al final, incluso si el terremoto es muy fuerte, incluso si mi casa se ​​cae, y aunque yo muera. Yo no vivo para este mundo. Mi morada celestial me espera.

“Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”-Filipenses 1:21

Hakuna Matata

Photo Credits: ryanselvy.tumblr.com

Había estado esperando el taxi que me llevaría del trabajo a la universidad durante 15 minutos. Estaba inquieta. Si él llegaba más tarde, yo perdería mi examen parcial. No podía perder mi examen! El carro de mi hermana estaba siendo reparado; no estaría listo hasta dentro de 30 minutos. Llamé a la compañía de taxis un millón de veces, pero el taxi nunca llegó. Me resigné a esperar… en contra de mi voluntad. Cuando finalmente llegué a la universidad, me enteré de que mi profesor todavía no había llegado a la clase.

Recientemente, una vez más no pude tomar uno de mis exámenes finales debido a responsabilidades del trabajo y otros malentendidos. Pagué para tomar el examen nuevamente y, después de 5 días, mi profesora aún no lo había calificado. Yo temía que no podría inscribirme para el próximo cuatrimestre. El último día de inscripción de materias, con pocas esperanzas, me enteré de que la profesora por fin había enviado mi calificación, y pude inscribir mis materias con normalidad. Por cierto, saqué una A!

Estas son sólo algunas de las historias que representan cómo ha sido mi 2011. Es fácil preocuparse cuando nos encontramos en momentos de ansiedad o incertidumbre. Cuando hemos agotado todas las soluciones posibles, la preocupación nos hace sentir como si todavía tenemos algo de control sobre la situación. Pero en realidad, no lo tenemos. Preocuparse no va a cambiar la situación, sólo nos anima a mortificarnos con las dificultades o problemas.

En ambas situaciones, el problema estaba fuera de mis manos. Hice todo dentro de mis posibilidades para arreglarlas, pero no pude. Y como Dios sabe que me gusta tener el control, El intencionalmente cerró las puertas y me hizo esperar hasta el último minuto para demostrarme que mis problemas están en Sus manos y que procuparme no iba a cambiar nada.

Cuando nos preocupamos, nos olvidamos de que todo lo que sucede en nuestras vidas no ha escapado el conocimiento de Dios. Nos engañamos a nosotros mismos al pensar que tenemos poder sobre el resultado final de las cosas. Podemos hacer todo bien y aun así, las cosas podrían no salir según lo planeado. Y gracias a Dios por los desvíos, porque quitan nuestros ojos de nuestra propia auto-suficiencia y nos obligan a confiar en Él solamente.

Al comenzar un nuevo año, reflexionamos sobre lo que hemos logrado hasta ahora y los objetivos que esperamos alcanzar en un futuro próximo. Puedo decir que muchas cosas que yo esperaba que sucedieran en el año 2011 no sucedieron. Y con el comienzo de un nuevo año, mi mente se pregunta si “yo haré que sucedan” en el 2012.

Lo que tú y yo no fuimos capaces de lograr en el 2011, lo que no lleguemos a alcanzar en el año 2012, sin importar los problemas que se nos presenten, sea cual sea la manera que   Dios elija para solucionarlos, pase lo que pase, de nada nos sirve preocuparnos… ni ahora ni nunca.

Feliz Año Nuevo!

Problema = Oportunidad

Image Credit: putmeincoach13.blogspot.com

Llegué a casa después de un largo día de trabajo sólo para descubrir que no tenía las llaves de casa. Tendría que esperar por lo menos una hora antes de que alguien llegara.

Estaba frustrada y cansada, casi al borde de las lágrimas, porque yo no quería esperar afuera, y porque todo lo que había planeado hacer tendría que ser pospuesto.

Me senté en las frías escaleras y respiré hondo para tranquilizarme. Casi como una epifanía, me di cuenta de lo que olvido con frecuencia: incluso antes de salir del trabajo, Dios sabía que yo no tenía las llaves de mi casa y que tendría que esperar afuera por un rato.

Quizás esto era parte de Su plan para darme un descanso–un descanso de las preocupaciones de la vida cotidiana y de las excusas que yo daba para justificar el hecho de que no he estado pasando mucho tiempo con Él últimamente. Tal vez Él sabía que si no me obligaba a estar tranquila, sin computadora ni cualquier otra cosa en la que pudiera trabajar, entonces no habría tenido nuestra muy necesaria conversación  (y yo soy la parte necesitada en la ecuación).

Me senté en las frías escaleras, pero ahora, estaba contenta. Estaba disfrutando cada segundo de este momento de ocio que tan desesperadamente necesitaba. Pero sobre todo, aproveché este momento de tranquila soledad, de ninguna responsabilidad que me distrajera, para orar a mi Dios.

Él sabía, mejor que yo, que realmente necesitaba quedarme afuera sin llaves.

“Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien [...]”  -Romanos 8:28